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La orientación a resultados es la tendencia a concretar los resultados con unos altos niveles de calidad y rendimiento, consiste en superar los estándares propios de excelencia e incluso superarlos poco a poco.

Eso no quiere decir que todo vale para conseguir resultados o que “el fin justifica los medios”, ya que la orientación a resultados es una actitud en la ejecución de los procesos para conseguir un resultado. Se suele relacionar con la motivación que lleva a una persona a esforzarse y prestar interés en las metas y objetivos marcados, creando además metas propias compatibles a conseguir.

Orientación a resultados: cómo alcanzar tus metas

Debemos tomar en cuenta los siguientes objetivos para alcanzar las metas que deseas:

Trabajar para alcanzar los estándares establecidos: Permite que se haga bien el trabajo sin introducir mejoras concretas.

Establecer los estándares y objetivos individuales, alineados con los organizacionales: Busca utilizar métodos para medir los resultados y compararlos con un nivel de excelencia fijado.

Introducir cambios concretos en sus métodos de trabajo comprometiendo los recursos personales e institucionales: Esto con el fin de mejorar tu rendimiento y el de los demás.

Establecer objetivos desafiantes y realistas: Para determinar los posibles beneficios o rentabilidad organizacional.

Asumir riesgos de negocios calculados: Para generar acciones enfocada a la orientación a resultados y que sean sostenibles en el tiempo con el fin de alcanzar objetivos retado.

De igual manera debes tener en cuenta que la orientación al logro tiene tres elementos necesarios:

  • Intensidad (o fuerza): Es la cantidad de energía que la persona debe utilizar para la realización de una actividad
  • Autodirección (u autoorientación): Es la actitud y esfuerzo aplicado en la selección y ejecución de las actividades encaminado a la consecución de metas o resultados específicos.
  • Persistencia (o perseverancia): Es la continuidad a lo largo del tiempo que facilita que el individuo supere los obstáculos que encuentre en el camino hacia el logro de metas o la orientación a resultados.

Asimismo, ten en consideración los tres componentes básicos de la orientación al logro son:

Planear: Se refiere a la capacidad de establecer con anterioridad los objetivos que se pretenden alcanzar, definir lo recursos tecnológicos, financieros y físicos que permitan asegurar los insumos necesarios para iniciar el proceso o entregar el servicio prometido. Es una manera de visualizar el camino que debemos recorrer y anticipar, a modo de posibilidad o probabilidad, las dificultades que deberemos sortear para iniciar el camino que nos llevará a la meta.

Ejecutar: En muchas ocasiones cuando buscamos la orientación a resultados nos quedamos en la formulación de deseos, sueños y aspiraciones que pueden ser loables y hasta encontrar aliados en el equipo de trabajo, pero en muchas ocasiones terminamos por aplazar o nunca realizar esto que hemos diseñado con tanto cuidado. La capacidad de ejecutar es la puesta en marcha de la decisión, de realizar y convertir en realidad lo que hasta el momento es solo un proyecto o un plan bien concebido. Será la realidad de la ejecución la que permita adecuar los recursos, ajustar el proceso y reconocer la velocidad con la cual deberá realizarse la tarea.

Evaluar: Una vez finalizado el proyecto, el plan o la tarea con miras a una óptima orientación a resultados es preciso hacer una revisión de lo conseguido que nos permita contrastar lo planeado contra lo alcanzado, asegurar que se cumplió lo esperado y, especialmente, la capacidad de generar una reflexión que permita reconocer los aprendizajes alcanzados de tal manera que en el siguiente proyecto puedan incorporarse los mejoramientos que surgen como producto de la tarea realizada.

Orientación a resultados: El efecto resorte

La búsqueda de resultados diferenciadores en la gestión debe encontrarse en capacidad de intuir caminos innovadores y llenos de propuestas capaces de retar la rutina que ha logrado mantener espacios de acción repetitivos. La consolidación del llamado “efecto resorte” nos hace creer por breves momentos que hemos dado un salto cualitativo y que por estamos preparados para alcanzar nuevas metas organizacionales, cuando en realidad se trata solo de un impulso que puede llevarnos de nuevo a la misma “zona de confort” de la cual partimos.

Cuando iniciamos buscamos una buena orientación a resultados nos imaginamos que será un éxito, que alcanzará los objetivos planteados y que sin duda nos permitirá avanzar a nuevos estadios de desarrollo. La planeación nos permite anticipar las posibles dificultades que hallaremos en el camino y desde el comienzo preparamos soluciones para contingencias que quizá nunca se presenten pero que son potencial fuente de problemas para el éxito esperado. La orientación a resultados, ejecución de los planes y tareas nos embarcan de nuevo en la necesidad de medir y controlar cada uno de los pasos que se van dando en el desarrollo del proyecto, allí podemos caer presa del reino de la improvisación ya que es preciso tomar las decisiones adecuadas para salir al paso a las dificultades reales para las cuales quizá no preparamos acciones en la fase de planeación. La evaluación se convierte en un aliado para reconocer y aplaudir lo que hizo bien y al mismo tiempo para identificar y valorar los aspectos que deben ser mejorados y ajustados para próximos proyectos.

Orientación a resultados: Conclusiones

Finalmente, encontramos en la cotidianidad organizacional que a muchos colaboradores no les gusta ser evaluados por diversas razones que van más allá de la típica subjetividad de la cual siempre se acusan a las herramientas de medición. Se trata de descubrir y valorar la importancia que tiene la planeación de resultados a partir del reconocimiento de las fortalezas que nos permiten impulsar la gestión hacia resultados superiores y diferenciadores.

 

Orientación a Resultados