No intentes forzar el acercamiento
Hablando de balances, mostrar una imagen de autoridad y cercana a la vez, puede ser una tarea dura. De igual modo el saber marcar los límites, puede ser crítico. Recuerda que existen numerosas formas de distinguir tu imagen como la de un líder, al mismo tiempo que mostrar ciertos “gestos”, puede representar la conquista de grandes logros. Evita, por ejemplo, vestir demasiado formal, reservar un espacio en el estacionamiento, o pedir lujosas comidas delante de tu personal. En cambio, si lo que buscas es diferenciarte, es el primero en llegar y el último en dejar el espacio de trabajo, y muestra mayor entusiasmo por las tareas que el resto. Del mismo modo, evita forzar las conversaciones casuales, o las invitaciones a la hora de comer. Deja que las relaciones se vayan desarrollando naturalmente y no te preocupes por ser visto como un amigo, compañero de trabajo cercano, o confidente. Ese no es tu trabajo.
Recuerda que tu lugar de trabajo, no es tu familia
Tú y tu equipo, son compañeros de trabajo, en el mejor de los casos, amigos cercanos. Pero no son familia. Cada compañía se beneficia del desarrollo de una cultura sana, vinculada con las relaciones. Pero no al punto de compartir las obligaciones del núcleo familiar. Esto no significa que no puedan existir los chistes internos, pero no lleves nada a límites extremos. Evita pasarte con los apodos o las reglas de convivencia que impongas. La estrategia para llevar una cultura corporativa sana adelante, junto con el capital humano son vitales y, definitivamente necesitamos un cambio respecto de cómo se llevaban las relaciones laborales en los 80´s. Cierto grado de vínculo fraternal es muy bueno. El exceso, como en todo, no es recomendable.
Promueve y aprende a recibir críticas
Esta es una de las reglas más difíciles de seguir, para cualquier líder de empresa. Todos hemos visto, alguna vez, a nuestros propios jefes intentar crear un ambiente donde eran bien recibidas las críticas, hasta la aparición de la primera de ellas. Entonces todo cambiaba, si la crítica iba hacia el desempeño del líder de empresa. La clave para que esto no suceda; establecer formatos o protocolos para que tu equipo pueda presentar cualquier tipo de comentario, incluso si la timidez se presenta como limitante, y hágales saber que su honestidad y compromiso son apreciados, recibiendo las críticas con gratitud.
No te conviertas en un blanco
Como líder de empresa, tienes la habilidad de elegir el grado de visibilidad que tienes. Elige un punto medio que te haga feliz y quédate allí. Mantente cerca, para darle a las personas lo suficiente como para que les agrades, pero preocúpate por estar lo suficientemente ausente como para que no descubran que cosas les desagradan de ti. Siempre que sea posible, trae buenas noticias, comentarios interesantes, historias de valor que puedas rescatar de las reuniones con la empresa. Intenta instalar alguna pregunta que haga pensar a tu equipo y cree un ambiente de diálogo y discusión sana. Pero siempre regula tu presencia y, por sobre todo, presta atención al tono y calidad de tus interacciones. Aún si eres una persona graciosa, evita caer en la tentación de ser el líder de empresa gracioso. Recuerda, un chiste mal contado puede ofender a alguien, pero uno que nunca se cuenta, puede ofender a todo el mundo. Busca el punto medio.
Usa a la competencia como motivación
Si sientes que tu posición como líder de empresa peligra, alguna vez oyes que los miembros a tu cargo murmuran de más por los pasillos, o notas que la moral decae, distraer la atención con un tercer elemento discordante, puede ser un buen modo de bajar la tensión. Invierte un mes, hablándoles de algún competidor y cómo el instinto y deseos de vencer de tus empleados, son capaces de superar las metas que el supuesto contrincante haya alcanzado. ¿Tienes un evento, o el lanzamiento de algún nuevo producto en vista? Crea una historia donde algún evento externo sea la potencial causa de un fracaso y verás cómo tu equipo querrá enfrentarse a él. Estas son técnicas básicas de motivación que aprovechan de un modo simple el modo en que la gente percibe las cosas, la mayor parte del tiempo. Sin darnos cuenta, vemos la vida como un guion cinematográfico con héroes y villanos. Entonces, dales el villano correcto y ellos te convertirán en su héroe.
Un buen líder de empresa da incentivos
Las cosas gratis, mueven montañas. La gente ama los regalos y a las personas que se los dan. Toma ventaja de la oportunidad de ser su fuente de alegría y generosidad. Esta recomendación te invita a que vayas más allá de regalar los típicos elementos de oficina, con el logo de la empresa en ellos. Dales algo que realmente recuerden. Para aquél líder de empresa que esté pensando en pagar desayunos, galletas, cenas y demás, piense otra vez. ¿Quieres ganarte el apego psicológico y lealtad de tus empleados? Piensa entonces en un gadget tecnológico, por ejemplo.
Pide pequeños favores
Todos disfrutan sentirse necesitados. Acércate a tus empleados, pidiendo un trabajo rápido que puedan cumplir fácilmente, pero que no te haga ver como un haragán por hacerlo. Puedes hacerlo con cada uno de tus empleados, siempre otorgando la tarea según sus conocimientos. Por ejemplo, pide al jefe de informática que te escriba un breve reporte sobre una nueva app que acabas de descubrir, y deja claro que tiene que ser a la brevedad. De ese modo estás cumpliendo con hacerlo sentir útil, a la vez que le harás saber que no es tu intensión que le tome tanto tiempo completar la tarea. Un buen, disfraz para una mentira piadosa.
Discúlpate públicamente por tus errores
Ser falible, es una cualidad importante. Pero más importante es saber pagar con una sincera y pública disculpa, cuando corresponde. Las disculpas son poderosas y genera el sentido de empatía, virtud y responsabilidad corporativa. Una vez más, cuida la medida en la disculpa. No elijas disculparte por algo que involucre a la empresa o tu dignidad, ni la de nadie. Tampoco salgas gritando por los pasillos, pidiendo perdón de rodillas por no haber lavado tu taza, luego del café. Busca siempre el punto medio sobre el tema que elegirás para la disculpa y cómo lo harás.
Ser un líder de empresa “querido” no es tarea fácil. Todo tiene que ver con la mesura y saber de tiempos y formas. Pero, mientras respetes tus valores y la dignidad y sentimientos de tus empleados, no cabe duda que las posibilidades de convertirte en su favorito, son tantas como estrellas en el firmamento.
Si ya estás listo para ser un buen líder de empresa, te dejamos el siguiente vídeo que contiene un extracto de la conferencia que dio el empresario Carlos Kasuga Osaka, en México, sobre cómo ser un buen líder, manejar un negocio y ser un empresario exitoso.
Preguntas frecuentes
¿Cómo combinar autoridad y cercanía al dirigir un equipo?
Mostrar autoridad y cercanía a la vez es difícil, y saber marcar los límites resulta crítico. Hay gestos que marcan distancia sin necesidad: vestir con exceso de formalidad, reservarse una plaza de aparcamiento o pedir comidas lujosas delante del personal. En cambio, ser el primero en llegar y el último en irse y mostrar más entusiasmo que el resto distingue al líder de forma natural. Tampoco conviene forzar charlas informales ni invitaciones a comer. Las relaciones se desarrollan solas con el tiempo.
¿Tiene que ser amigo de sus empleados quien dirige un equipo?
No. El jefe no necesita que lo vean como amigo, compañero cercano o confidente, y esa no es su función. Lo que sí debe cuidar es el respeto y el buen trato.
¿Por qué el equipo de trabajo no debe funcionar como una familia?
Los compañeros pueden llegar a ser amigos cercanos, pero no son familia. Una cultura de empresa sana se apoya en buenas relaciones, aunque sin asumir las obligaciones del núcleo familiar. Los chistes internos son válidos, siempre que no se lleven al extremo con apodos o reglas de convivencia excesivas. Cierto vínculo fraternal es bueno, pero el exceso no lo es.
¿Cómo logra un jefe que su equipo se atreva a criticarle?
Muchos jefes dicen aceptar críticas y cambian de actitud en cuanto llega la primera dirigida a su desempeño. Para evitarlo conviene fijar formatos o protocolos por los que cualquier miembro pueda dar su opinión, incluso quien es tímido. Cuando llega un comentario, se agradece y se deja claro que la honestidad y el compromiso se valoran.
¿Qué nivel de visibilidad debe tener un líder ante su equipo?
El líder puede elegir cuánto se deja ver, y lo mejor es un punto medio con el que se sienta cómodo. Debe estar lo bastante cerca para caer bien y lo bastante ausente para que no salgan a la luz sus defectos. Conviene aportar buenas noticias, comentarios interesantes y alguna pregunta que invite al diálogo, y vigilar siempre el tono de las interacciones.
¿Es recomendable ser el jefe gracioso de la oficina?
Mejor no. Aunque la persona tenga buen humor, un chiste mal contado puede ofender a alguien, y uno que nunca se cuenta puede ofender a todos. La clave vuelve a ser el punto medio.
¿Cómo se utiliza a la competencia para motivar a un equipo?
Si la moral decae o crece el murmullo en los pasillos, hablar durante un tiempo de un competidor sirve para desviar la atención hacia un objetivo común. Ante un evento o un lanzamiento, se puede plantear un factor externo como posible causa de fracaso, y el equipo querrá enfrentarse a él. Se aprovecha que las personas ven la vida como una película con héroes y villanos.
¿Qué regalos generan más lealtad entre los empleados?
Los típicos objetos de oficina con el logotipo de la empresa se olvidan rápido. Funciona mejor un regalo que de verdad se recuerde, por ejemplo un dispositivo tecnológico, antes que pagar de vez en cuando desayunos o cenas.
¿Por qué conviene pedir pequeños favores a los empleados?
A casi todos les gusta sentirse necesarios. Se puede encargar a cada persona un trabajo rápido y fácil, adaptado a sus conocimientos. Por ejemplo, pedir al responsable de informática un breve informe sobre una aplicación nueva.
¿Cómo debe disculparse un líder en público por un error?
Una disculpa sincera y pública genera empatía y responsabilidad dentro de la empresa. Hay que medirla: no se debe pedir perdón por algo que comprometa a la empresa o la dignidad de alguien. Tampoco hace falta dramatizar por un descuido menor, como no haber lavado una taza.




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