Debe cumplir los mismos objetivos que la enseñanza tradicional: llegar a cada estudiante y ofrecer una formación integral y profesional que contribuya al desarrollo sociocultural del país. La diferencia es que el estudiante no está presente físicamente en el aula, sino que accede al conocimiento a distancia.

Según el material de apoyo se usan cuatro tipos de herramientas:

  • De voz: sirven para enviar y recibir información de forma simultánea.
  • De vídeo: presentan películas, vídeos o presentaciones.
  • Impresas: guías de estudio, lecturas y cuadernos de trabajo, un recurso que nació con la enseñanza por correspondencia.
  • De datos: las más actuales, que se envían y reciben mediante ordenadores.

Las principales ventajas son cinco:

  • Flexibilidad: se aprende a un ritmo propio, con horarios adaptados a las necesidades y responsabilidades de cada persona.
  • Accesibilidad: pueden estudiar quienes no pueden desplazarse hasta un aula.
  • Tecnología: la modalidad evoluciona al ritmo de la tecnología y da acceso a recursos digitales, material didáctico y asesoría.
  • Personalización: se eligen cursos y programas acordes con los intereses profesionales.
  • Costo: suele ser más económica que la presencial.

Entre las desventajas están la falta de interacción cara a cara, porque se interactúa a través de pantallas, los problemas técnicos si falla la conexión o el ancho de banda, y la necesidad de desarrollar motivación y disciplina para no posponer el estudio ni perder el interés.

Los requisitos básicos son internet y un ordenador. También importan la estabilidad de la señal de datos y el ancho de banda, porque si alguno falla pueden aparecer dificultades técnicas.

Al ofrecer un entorno en línea ajustable a las necesidades de cada usuario, permite que estudiantes y profesores accedan desde cualquier parte del mundo y que el espacio de aprendizaje esté siempre disponible. Esa disponibilidad da igualdad de oportunidades a alumnos que por distintos motivos no pueden trasladarse a un aula.

Suele serlo, porque se reducen gastos importantes como el traslado, el transporte y la infraestructura. Es una de las ventajas habituales de esta modalidad, junto con la flexibilidad y la accesibilidad.

La educación virtual cobró protagonismo a raíz del Covid-19, porque permitió que alumnos y profesores continuaran con sus actividades académicas sin salir de casa. Desde entonces se considera uno de los canales más valiosos de comunicación y aprendizaje.

Como no hay un horario ni un lugar fijos, el estudiante debe generar su propia motivación y disciplina para asistir a clase. Además, al ajustarse el estudio a las necesidades de cada persona y no a un horario establecido, puede resultar difícil recibir retroalimentación del profesorado.

Además del contenido de cada curso, se aprende a usar las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), lo que mantiene al estudiante al tanto de las últimas actualizaciones y especificaciones técnicas. Así se forman estudiantes y profesores conocedores de un mundo digital que evoluciona cada día.

Es un proceso constante que exige trabajo, disciplina y compromiso.