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En el terreno del marketing y las ventas directas, la redacción de un texto publicitario ocupa un lugar clave, aunque nunca suficientemente valorado. Esto se debe a que de un gran número dentro de los consumidores de periódicos y revistas, es sólo una pequeña parte la que se detiene a leer los anuncios que ofrecen productos y servicios; Y de ellos, una fracción la que lo hará meticulosamente, quizás para informarse sobre los detalles de tu producto. A estos, es a quienes debemos hacer llegar nuestro mensaje, del modo más detallado y conciso posible. Para ello, existe un número de fundamentos que deben aplicarse.

  • El mensaje debe sentirse personal. Cuando un lector se encuentre con tu anuncio, lo fundamental es que sienta que va dirigido a él. Háblales como lo harías con un familiar o amigo. Introduce tu producto en el contexto de una historia y, si aplicase, menciona a alguien popular o prestigioso que estuviera vinculado con su uso.
  • Aquí es donde se verá de que estás hecho como vendedor; porque a pesar de ser afable, tendrás que ser imperativo. No sugerimos que te pongas a dar órdenes en tu anuncio. Pero un llamado a la acción, en el tono adecuado, hará que el lector se levante y salga a buscar lo que ofreces.
  • Vincula al potencial cliente emocionalmente con el producto. No sólo le cuentes que hará técnicamente por él; también déjale saber cómo lo hará sentir, o muéstrale como las metas que alcanzará con tu producto son las que lo harán sentirse mejor. Sus sentimientos y la razón, deben ir de la mano.
  • Usa párrafos cortos y directos. El cliente quiere adquirir el mayor beneficio, en el menor tiempo. Si ve que tendrá que leer demasiado, quizás elija pasar a otro anuncio. Imprime también impacto en la frase de introducción, si quieres cautivarlo.

Se claro en lo que dices. No es necesario demostrar sofisticación en los textos. Palabras breves, simples, de fácil entendimiento harán que quien lo reciba pueda recordarlo por más tiempo. Las frases, cumplen la misma regla; no deberían ser superiores a las 12 palabras.

Para no arriesgarnos a que nuestro mensaje se diluya en el tiempo y la memoria de quien lo recibe, escribamos lo más importante al principio de nuestro texto.

Si el anuncio cuenta con varios párrafos, usa subtítulos que llamen la atención y transmitan la mayor cantidad de información. De modo que si nuestro lector es perezoso, podrá informarse de todos modos leyéndolos. Otra recomendación métrica; cada 25 líneas, puedes colocar un subtítulo.

Nada de lo anterior tiene valor, en la redacción de un texto publicitario, si no mostramos hechos. Debemos hacerle entender al consumidor que lo que vendemos es práctico y de utilidad en el mundo real.

  • Debes tener algo de experiencia, antes de adentrarte en el uso del humor para los anuncios. Generalmente van bien con productos como alimentos, golosinas, bebidas, por nombrar algunos. El humor muchas veces vende. Pero sólo si lo aplicas con cuidado y respaldado por algún tipo de investigación. Los textos humorísticos sobre el mismo producto, acerca del consumidor o el humor étnico, pueden ser contraproducentes.
  • El mensaje que ofrecemos, debe ser positivo. Si digo que mi producto “no deja manchas”, lo más probable es que el lector solo retenga el nombre de tu marca y algo relacionado con las manchas. Mejor, contémosle que tan limpio va a quedar y verás cómo obtenemos el resultado deseado.
  • Utilizando expresiones como “A pesar de”, “En realidad”, “Principalmente”, conseguiremos que el lector entienda que lo que sigue puede ser de vital importancia y haremos que se pegue a la silla para continuar leyendo.
  • No utilices puntos suspensivos. El lector no tiene por qué saber exactamente qué quieres decir y puede interpretarlo como un mensaje dudoso, lleno de inseguridad.
  • Las tendencias pueden ser una gran herramienta de ventas. Cuéntale que comprando el producto, pasará a formar parte del grupo de gente exitosa que poseerá tu producto. “9 de cada diez personas lo compran”, “70% de los consumidores, lo eligen”, o “Más de 50.000 unidades vendidas” son fórmulas que suelen triunfar.
  • Decida a quien va dirigida la publicidad. En la redacción de un texto publicitario, no hay lugar para errores. Si el público al que se dirige ya conoce la marca, o sabe que ya se inclina en favor de tu producto, o crees que su nivel cultural es bajo, te recomendamos que sólo destaques las virtudes de lo que ofreces. Si en cambio, el destinatario de tu aviso se opone a lo que brindas, o tiene estudios superiores, quizás mostrar las dos caras de tu argumento, les ayude a convencerse y optar por adquirirte.
  • Cuando lanzamos un producto, luego de conseguir el éxito con otro, mencionarlo para impulsar la nueva línea será de gran ayuda.

Los anuncios publicitarios que son explícitos, tiene un mejor resultado que aquellos que dejan todo a la imaginación. Muestra las virtudes, cuenta tus argumentos, seduce al cliente y que entienda que necesita urgentemente lo que le estamos vendiendo. Mientras más directo, mejor.

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